Serú Girán volvió: el detalle íntimo que pocos vieron en el regreso
Lebón y Aznar hicieron vibrar el Movistar Arena con un show histórico. Las fotos de los famosos y el momento exacto que encendió la magia de la banda.
Hay reencuentros que son un trámite y otros que te perforan el alma. Lo que pasó anoche en el Movistar Arena pertenece a la segunda categoría, de esas noches en las que el tiempo se desarma y volvés a tener veinte años, el walkman en la cintura y la certeza de que el rock argentino podía competirle de igual a igual a cualquier cosa que viniera del hemisferio norte.
David Lebón y Pedro Aznar volvieron a encender la historia grande del rock nacional con el esperado regreso de Serú Girán, en una primera noche cargada de emoción, memoria y ovaciones que confirmaron por qué su legado sigue intacto a casi cinco décadas de su formación. No fue un show más en la cartelera porteña: fue la constatación de que ciertas canciones no envejecen, mutan, se resignifican y encuentran nuevas capas de sentido en cada generación que las adopta como propias.
El reencuentro sobre el escenario del Movistar Arena tuvo lugar en el marco de una serie de shows donde ambos músicos revisitan el repertorio de la banda que integraron junto a Charly García y Oscar Moro. Lejos de ser un simple homenaje, la propuesta funciona como una relectura viva de aquellas canciones que marcaron a generaciones enteras del rock en español. Porque Serú Girán no fue solamente una superbanda: fue el laboratorio donde cuatro músicos excepcionales llevaron al límite la fusión del rock con el jazz, la bossa nova, la música clásica y el folklore, creando un sonido que todavía hoy suena adelantado. Temas como «Seminare», «Eiti Leda» o «Cinema Verité» no perdieron un gramo de su potencia original, pero en las manos y las gargantas de Lebón y Aznar cobraron un matiz distinto, más íntimo, como si la ausencia de Charly y Moro —presentes en el espíritu de cada acorde— abriera un espacio para una conversación diferente con el público.
El público acompañó cada tema con una intensidad especial, en una especie de viaje colectivo a la época dorada de la banda, cuando álbumes como “Bicicleta” o “Peperina” redefinieron el sonido del rock argentino. Para entender la magnitud de lo que significó Serú Girán hay que viajar a 1978, cuando cuatro músicos que venían de experiencias fundacionales —Charly con Sui Generis y La Máquina de Hacer Pájaros, Lebón con Pescado Rabioso y Polifemo, Aznar con Alas y Moro con Los Gatos y Color Humano— decidieron unir fuerzas en un contexto político y cultural hostil. El primer show en el Luna Park fue un desastre de incomprensión: el público quería rock directo y se encontró con armonías complejas, arreglos de bossa nova y letras que hablaban de seres mitológicos. Pero la banda no cedió, y en esa obstinación construyó una obra que con el tiempo se volvería indiscutible. “La grasa de las capitales”, su segundo disco, fue una respuesta irónica y filosa a aquella incomprensión inicial, y marcó el camino hacia la madurez de “Bicicleta” y “Peperina”, trabajos que hoy son piedras basales del cancionero argentino.
Famosos como Lali Espósito junto a su novio, Pedro Rosemblat, Sandra Mihanovich, Gastón Pauls, Sebastián Wainraich, Paula Kohan, Lucas Fridman y Julieta Díaz, entre otros, dijeron presente en esta primera cita cargada de emoción y recuerdos. La presencia de figuras de distintas generaciones y palos del entretenimiento habla de la transversalidad de Serú Girán: no es una banda de nicho para rockeros nostálgicos, es un faro cultural que ilumina por igual a músicos, actores, comediantes y comunicadores que encontraron en esas canciones una banda de sonido para sus propias vidas. Lali, que nació más de una década después de la separación de la banda, es la prueba viviente de que el legado de Serú Girán trascendió las fronteras temporales y se instaló en el ADN de la música argentina como un clásico que se hereda de padres a hijos, de hermanos mayores a menores, de playlists compartidas a redescubrimientos solitarios en plataformas de streaming.
Lo que se vivió anoche en el Movistar Arena fue, en definitiva, una celebración sin solemnidad. Lebón y Aznar no necesitaron forzar ninguna épica: les alcanzó con desplegar el oficio que los convirtió en dos de los músicos más respetados del continente. El ruso, con esa voz que parece desafiar las leyes del tiempo, y Pedro, con su bajo inconfundible y una sensibilidad a flor de piel, demostraron que la química entre ellos sigue intacta. No hubo intentos de imitar lo que fue, sino de honrar lo que es: un cancionero vivo, que respira y se transforma en cada interpretación.
En tiempos donde la nostalgia se vende como un producto enlatado y los reencuentros a menudo decepcionan, Serú Girán demostró que hay fuegos que no se apagan. Porque cuando las canciones son genuinas y los músicos que las tocan entienden que el legado no es un museo sino una casa que se sigue habitando, el resultado es inevitablemente conmovedor. Anoche, en cada rincón del Movistar Arena, hubo lágrimas, abrazos y una certeza compartida: la música, cuando es de verdad, nos salva de todo. Incluso del paso del tiempo.
Fuente: https://www.ciudad.com.ar/espectaculos/2026/06/20/emocion-total-asi-vivieron-lali-esposito-julieta-diaz-y-mas-famosos-el-regreso-de-seru-giran/