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Morena Beltrán denuncia mensajes machistas en el periodismo deportivo

La periodista deportiva reveló los ataques que recibe en redes sociales: ‘No llegaste por tu capacidad intelectual, llegaste por otros motivos’. Su lucha contra el machismo.

Redacción · Publicado: · Actualizado:

“Me escriben ‘no llegaste por tu capacidad intelectual, llegaste por otros motivos’”. La frase, tan cruda como reveladora, la soltó Morena Beltrán y automáticamente encendió un debate que, aunque parece del siglo pasado, sigue más vigente que nunca en el periodismo deportivo argentino.

Morena, una de las figuras más visibles de la nueva camada de comunicadores, puso sobre la mesa el costado más oscuro de la exposición mediática: la violencia de género disfrazada de crítica. No es la primera vez que una mujer en el ámbito deportivo recibe este tipo de ataques, pero la contundencia de sus palabras reabre una conversación necesaria sobre el machismo estructural en los medios y en las audiencias.

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La periodista, que saltó a la fama por su labor en ESPN y luego se consolidó en el streaming con programas como ESPN F90 y su participación en La Liga de la Justicia, viene construyendo una carrera sólida desde hace años. Sin embargo, su crecimiento profesional suele ser minimizado por una parte del público que prefiere atribuir sus logros a cuestiones de imagen o contactos, en lugar de reconocer su formación y su trabajo. Un patrón que, lamentablemente, se repite con colegas como Ángela Lerena, Alina Moine, Verónica Brunati o Sofía Martínez, quienes también han denunciado situaciones similares a lo largo de sus trayectorias.

El contexto no es menor. El periodismo deportivo argentino fue históricamente un territorio dominado por varones, donde las mujeres debieron abrirse paso a fuerza de talento y perseverancia, muchas veces contra la resistencia de sus propios compañeros y de una audiencia acostumbrada a la voz masculina como única fuente de autoridad. Los estereotipos de género calaron hondo: durante décadas, el rol de la mujer en la cancha se limitó al de “movilera” o “la chica del clima”, un lugar de objeto decorativo antes que de análisis o conocimiento. Recién en los últimos quince años, con la irrupción de figuras como Viviana Semienchuk, Greta Rodríguez o la misma Ángela Lerena en relatos y conducción, ese paradigma empezó a resquebrajarse.

Morena Beltrán pertenece a una generación que creció con esas referentes y que, además, sumó la herramienta del streaming para construir su propio camino. Su desembarco en Twitch y YouTube, de la mano de proyectos como Paren la Mano (Vorterix) o sus ciclos en ESPN, le permitió conectar con un público más joven y demostrar que el conocimiento deportivo no tiene género. Sin embargo, el anonimato de las redes sociales se convirtió en un canal de ataque sistemático. Comentarios que cuestionan su “lugar” en una mesa, que sexualizan su imagen o que directamente niegan su capacidad analítica, son moneda corriente. La propia Morena ha contado en entrevistas previas que, ante un error mínimo en un dato, las críticas hacia ella son desproporcionadamente más feroces que las que recibe un compañero varón en la misma situación.

Este fenómeno no solo habla de machismo, sino también de una profunda resistencia al cambio cultural. La televisión argentina, desde los históricos Fútbol de Primera o El Show del Fútbol, moldeó una manera de consumir deporte donde la opinión visceral y el grito eran moneda de cambio. En ese ecosistema, la incorporación de voces femeninas con análisis táctico, datos y una perspectiva diferente generó una reacción violenta en sectores que añoran esa vieja escuela. Es sintomático que los insultos no apunten contra una cobertura concreta, sino contra la legitimidad de origen: “no llegaste por tu capacidad”. Es decir, se ataca la esencia, la posibilidad misma de que una mujer pueda ocupar ese rol por mérito propio.

Lo que expuso Morena Beltrán no es una anécdota aislada, sino un síntoma de una sociedad que todavía no termina de aceptar la igualdad en todos los terrenos. Su valentía al compartir estos mensajes, lejos de victimizarla, la muestra como una profesional dispuesta a señalar las incomodidades que muchas veces se barren debajo de la alfombra. En un medio donde se exige “aguantar” y “bancarse todo”, ponerle palabras a la violencia es también un acto de resistencia. El camino está en marcha, pero cada mensaje de odio que se viraliza recuerda que la cancha todavía no está del todo nivelada. Por suerte, hay jugadoras como ella que eligen seguir gambeteando prejuicios, con la pelota del conocimiento siempre al pie.

Fuente: https://news.google.com/rss/articles/CBMi8wFBVV95cUxQa3Rqa2J6c0JTalN1WDlFM0VOZmdWYnVTZE84OWxLU3V6NzdfT3I0R1JKYVdteEJHMmhhcnJyTDlLeFdvT3c3LU1Pa2ZPSmVIMURVUG41TWVDTnRyMXpPVVd0ZUxPSEdna3NRY3l6aVZaT0U4cnJXX1VnbDRyMk5MbUVoWmFROHNDN3hNc045QTY0dEZBZUZ6eFk1a2VUY0RySEVodnlUUGtRQncwdDBFLUVEdFlJdDJIZTllWWhnSW9pZ0dqb3h0QTBDRWFxS2Vpa2d3YmxEcXFaUF9VY00xZkg3Wm5GZzFVQllkMndqZk9PTGPSAfMBQVVfeXFMUGt0amtienNCU2pTdVg5RTNFTmZnVmJ1U2RPODlsS1N1ejc3X09yNEdSSmFXbXhCRzJoYXJyckw5S3hXb093Ny1NT2tmT0plSDFEVVBuNU1lQ050cjF6T1VXdGVMT0hHZ2tzUWN5emlWWk9FOHJyV19VZ2w0cjJOTG1FaFphUThzQzd4TXNOOUE2NHRGQWVGenhZNWtlVGNEckhFaHZ5VFBrUUJ3MHQwRS1FRHRZSXQySGU5ZVloZ0lvaWdHam94dEEwQ0VhcUtlaWtnd2JsRHFxWlBfVWNNMWZIN1puRmcxVUJZZDJ3amZPT0xj?oc=5