Indio Solari: fila de 15 cuadras en su velatorio público
Miles de fanáticos despiden al Indio Solari en Avellaneda. La fila para el velatorio público superó las 15 cuadras en una jornada de emoción y homenajes.
La imagen es tan conmovedora como inevitable: una serpiente humana de más de quince cuadras, silenciosa y doliente, serpentea las calles de Avellaneda para darle el último adiós a un mito viviente del rock argentino.
Desde las primeras horas de este domingo, el Polideportivo José María Gatica se transformó en el epicentro de una despedida que ya es histórica. Miles de fanáticos de todas las edades llegaron hasta Villa Domínico para participar del velatorio público de Carlos Alberto Solari, el Indio, quien falleció el viernes 5 de junio a los 77 años. La convocatoria no sorprende: hablamos del líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una banda que trascendió lo musical para convertirse en un fenómeno social y cultural sin parangón en nuestro país.
La familia del artista había anunciado esta ceremonia abierta con un objetivo claro: permitir que esa legión de seguidores que lo acompañó durante décadas pudiera tributarle un homenaje a la altura de su legado. Y vaya si lo están logrando. Las imágenes que circulan desde temprano muestran una marea de banderas ricoteras, remeras con la icónica imagen del Indio y grupos de fans que entonan sus canciones en un gesto que mezcla el dolor con un agradecimiento profundo. Es la misa pagana de una comunidad que se formó alrededor de letras crípticas, melodías hipnóticas y una filosofía de independencia artística que marcó a fuego a varias generaciones.
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Para entender la magnitud de esta despedida, hay que remontarse a los orígenes de Los Redondos. La banda se formó en La Plata a mediados de los años 70, en un contexto de efervescencia cultural pero también de represión. Desde sus inicios, el grupo cultivó un perfil bajo y una autonomía férrea respecto a la industria musical tradicional. No sonaban en las radios comerciales, no aparecían en la televisión y sus recitales se corrían de boca en boca. Esa estrategia, lejos de marginarlos, generó un efecto inverso: creó un sentido de pertenencia único entre sus seguidores, que se sentían parte de un secreto compartido, de una hermandad que desafiaba las reglas del mercado.
Con el correr de los años, los shows de Los Redondos se convirtieron en rituales multitudinarios. La banda editó discos fundamentales como «Oktubre», «Un baión para el ojo idiota» o «Luzbelito», construyendo un cancionero que combinaba poesía críptica, crítica social y una musicalidad que iba del rock al reggae, pasando por el funk y la cumbia. El Indio, con su voz inconfundible y su carisma enigmático, se erigió como un tótem para millones de personas que encontraban en sus letras un reflejo de sus propias angustias, rebeldías y esperanzas. Cuando la banda se separó en 2001, el mito no hizo más que agigantarse.
La carrera solista del Indio Solari continuó alimentando ese vínculo sagrado con su público. Sus discos con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y sus multitudinarios shows en lugares como La Plata, Mendoza o Tandil demostraron que la magia seguía intacta. Cada presentación era un acontecimiento que movilizaba a cientos de miles de personas, en un fenómeno de convocatoria que pocos artistas en el mundo pueden igualar. Por eso, la escena de esta mañana en Avellaneda, con una fila que supera las 15 cuadras, es la consecuencia lógica de una relación única entre un artista y su gente. A 500 metros del polideportivo, un mural pintado por los propios fanáticos oficia de altar callejero, un punto de encuentro donde las lágrimas se mezclan con el canto colectivo.
El velatorio en el Gatica está marcado por el silencio y la emoción contenida. Adentro, la capilla ardiente con el féretro del Indio recibe un desfile interminable de rostros compungidos. Afuera, la fila avanza con una paciencia conmovedora, como si cada paso acercara a los fans a un cierre necesario. No hay estridencias ni desbordes: hay recogimiento, hay comunidad, hay una despedida que se hace canción. El Indio Solari se fue físicamente, pero su obra y su influencia seguirán resonando por generaciones. Hoy, Avellaneda es testigo de que los ídolos nunca mueren del todo mientras haya alguien que los recuerde y los cante.
Fuente: https://www.ciudad.com.ar/espectaculos/2026/06/07/velatorio-del-indio-solari-las-impactantes-imagenes-de-la-despedida-y-una-fila-de-mas-de-15-cuadras/