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El papel que rechazó en Pizza, birra, faso y hoy no se lo perdona

Diego Reinhold confesó en Almorzando con Juana por qué se bajó de la película que cambió el cine argentino. Una decisión que todavía lamenta.

Redacción · Publicado: · Actualizado:

Imaginate estar a las puertas de protagonizar la película que va a cambiar la historia del cine argentino… y decir que no. Eso exactamente fue lo que le pasó a Diego Reinhold, y la confesión que soltó al aire en Almorzando con Juana (eltrece) te deja la piel de gallina. Porque no fue un capricho, ni un problema de ego, ni una pelea de egos artísticos: fue una cuestión de lealtad.

El actor, que supo ganarse un lugar en el corazón del público con su versatilidad para la comedia y el drama, se sentó a la mesa de Juana Viale y largó una bomba de esas que te hacen replantear todo lo que sabés sobre las encrucijadas de la actuación. Reinhold contó que estuvo a punto de ser el protagonista de Pizza, birra, faso, la ópera prima de Bruno Stagnaro y Adrián Caetano que en 1998 no solo partió la historia del cine nacional en dos, sino que le dio voz a una generación de jóvenes marginados con una crudeza nunca antes vista. Pero el destino, o mejor dicho, la ética profesional, le jugó una mala pasada.

Reinhold llegó a ensayar para el film. Sí, leíste bien: ya estaba adentro del proyecto. Pero en paralelo tenía un compromiso laboral con el Teatro San Martín, nada menos que bajo el ala de Hugo Midón, su maestro y referente absoluto. Midón no era un director cualquiera para él, era el tipo que le había enseñado todo, el faro de su formación actoral. Y justo en ese momento, las obligaciones con una obra infantil del San Martín se superponían con el cronograma de rodaje de la película independiente. El dilema estaba servido: ¿dejar tirada una producción teatral con su mentor para subirse al barco de dos jóvenes directores que prometían pero no tenían nada asegurado?

“Decirle que no a Midón me daba mucho miedo, era mi maestro de toda la vida, le tenía mucho respeto”, confesó el actor, que finalmente priorizó la lealtad por encima de la proyección cinematográfica. En ese momento, nadie podía imaginar que Pizza, birra, faso se convertiría en la piedra fundacional del Nuevo Cine Argentino, ese movimiento que puso la lupa sobre los márgenes de la sociedad con un realismo sucio y desgarrador. La película, que terminó protagonizada por Héctor Anglada y Jorge Sesán, arrasó en festivales internacionales, ganó el premio a Mejor Película en el Festival de Mar del Plata y hasta hoy se estudia en las escuelas de cine como el ejemplo perfecto de cómo contar una historia con dos mangos y mucho talento.

Reinhold no se hace el distraído con el tema, al contrario, lo cuenta con una mezcla de humor y resignación que lo pinta de cuerpo entero: “No sabía que iba a pasar esto. Me bajé y se convirtió en un antes y después del cine argentino. Todavía hoy me quiero matar. Yo creo que hay un universo paralelo donde yo la hice”. La anécdota, lejos de sonar a lamento, habla de esos momentos bisagra en los que la vida te pone a prueba y vos elegís con el corazón, no con la cabeza. Porque Reinhold no se bajó por miedo al fracaso ni por falta de visión, sino por no fallarle a quien lo había formado.

Lo curioso es que este tipo de historias son más comunes de lo que pensamos en el mundo del espectáculo, pero pocas veces se cuentan con tanta honestidad. Actores que rechazaron papeles que después se volvieron icónicos por compromisos previos, por lealtad a un director amigo o simplemente porque en ese momento la intuición les dijo otra cosa. Lo que hace especial el caso de Reinhold es la conciencia plena de lo que perdió y, al mismo tiempo, la paz de haber actuado en consecuencia con sus valores. En un medio donde las oportunidades se cuentan con los dedos de una mano, elegir la ética por sobre la conveniencia es un acto de resistencia.

Hoy, a más de dos décadas de aquella decisión, Reinhold sigue laburando, reinventándose y demostrando que el talento no se esfuma por un papel perdido, por más emblemático que sea. Pero cada tanto, cuando se sienta a recordar, se permite imaginar ese universo paralelo donde él fue el Cordobés, ese pibe de la calle que conmueve al espectador con su vulnerabilidad y su bronca. Y nosotros, los que amamos el cine, también nos preguntamos cómo hubiera sido esa versión. Lo que no se puede negar es que, sin quererlo, Reinhold nos regaló una historia de esas que valen oro: la del tipo que pudo ser leyenda del cine argentino, pero prefirió ser un actor de ley.

Fuente: https://www.ciudad.com.ar/espectaculos/2026/07/13/un-invitado-de-juana-viale-revelo-por-que-rechazo-pizza-birra-faso-la-pelicula-que-marco-al-nuevo-cine-argentino/