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Canelones: el insólito origen de la película de Casciari

Hernán Casciari revela la historia real detrás de «Canelones», un juego de bromas telefónicas que derivó en una profunda reflexión sobre la memoria y la culpa.

Redacción · Publicado: · Actualizado:

¿Alguna vez te pusiste a pensar cómo una simple travesura de pibes puede terminar inspirando una obra cinematográfica? Prepárense, porque la anécdota que vamos a desenterrar hoy tiene precisamente esa magia: la de transformar un pasatiempo infantil en una puerta de entrada a emociones complejas y recuerdos latentes. Hablamos de la génesis de Canelones, la película inspirada en una historia real contada por el mismísimo Hernán Casciari, un referente de la literatura y el humor argentino.

El juego de llamadas que se volvió serio

En el universo de Hernán Casciari y su inseparable amigo de la infancia y adolescencia, Christian Basilis (a quien todos conocen como “Chiri”), las bromas telefónicas eran moneda corriente. Al principio, la meta era sencilla: generar risas propias y ajenas, sin causar un daño real. El objetivo era llamar a vecinos, a veces con apellidos curiosos como “Gallop”, soltar alguna frase disparatada y colgar rápidamente, ahogados en carcajadas. Era el típico juego de juventud, inocente y efímero, de esos que quedan guardados en la memoria colectiva de un grupo de amigos.

Pero con el paso del tiempo, la competencia entre Hernán y Chiri se volvió más sofisticada, casi un deporte. El desafío mutó: ya no se trataba solo de hacer reír, sino de mantener a la “víctima” en línea el mayor tiempo posible. Para lograrlo, debían improvisar identidades, inventar situaciones inverosímiles y construir narrativas que mantuvieran la atención. Cronometraban sus “hazañas” y perfeccionaban sus técnicas, llegando a mantener conversaciones que hoy, vistas en retrospectiva, rozan lo insólito y lo poético.

De la broma a la reflexión: Daniel, el hijo ausente

Fue en medio de uno de estos desafíos que Hernán desplegó una táctica particularmente arriesgada y conmovedora. Se hizo pasar por un hijo ausente, alguien llamado Daniel. La conversación se tejió entre la confusión de quien recibía la llamada y el anhelo latente de un reencuentro. Casciari, con una habilidad narrativa que lo caracteriza, construyó un diálogo cargado de detalles familiares, recuerdos compartidos y afectos que, quizás, nunca se habían expresado plenamente. La línea entre la broma y la realidad se volvió difusa, y lo que había comenzado como un simple pasatiempo adolescente rozó zonas inesperadas de la emoción humana, explorando la memoria, la ausencia y los vínculos.

Esta experiencia, vivida en carne propia y compartida con su amigo Chiri, se convirtió en la semilla de Canelones. La historia real, con su mezcla de humor absurdo y profunda carga emotiva, demostró ser un material riquísimo para ser explorado en formato cinematográfico. “Eso es lo que tienen de bueno las historias reales, que son extrañísimas”, comenta Casciari, y no le falta razón. La vida misma nos regala guiones que ningún escritor podría imaginar con tanta precisión y patetismo.

El humor como puerta de entrada a temas profundos

La película Canelones, entonces, se presenta no solo como una comedia, sino como una exploración profunda de temas universales. El humor, esa herramienta tan poderosa, sirve aquí como un vehículo para abordar la memoria, la culpa, los lazos familiares y esos pequeños dramas cotidianos que atraviesan la vida en comunidad. Casciari, con su pluma afilada y su mirada particular sobre la condición humana, logra que una anécdota aparentemente trivial nos haga reflexionar sobre nuestras propias historias, nuestros silencios y nuestros anhelos.

Este relato de vida real nos invita a pensar en cómo las experiencias compartidas, incluso las más fugaces y aparentemente inconsecuentes, pueden dejar una marca imborrable. La capacidad de improvisación y juego de la juventud, llevada al extremo en este caso, se transforma en una metáfora de la vida misma, donde a veces nos encontramos interpretando roles, construyendo ficciones para conectar con otros, o incluso con nosotros mismos.

La historia de Canelones es un testimonio de cómo el arte puede surgir de los lugares más insospechados. Un llamado telefónico, una voz en el hilo, una identidad inventada, pueden desencadenar una cadena de emociones y recuerdos que terminan materializándose en una obra que resuena con el público. Es un recordatorio de que, detrás de cada risa y de cada broma, puede esconderse una verdad más profunda, un eco de nuestras propias vidas y de las relaciones que nos definen.

Fuente: https://www.infobae.com/teleshow/2026/08/09/hernan-casciari-conto-el-origen-de-la-historia-de-canelones-se-junto-un-enorme-sentimiento-de-culpa/