Nacha Guevara recordó su exilio en los 70: la frase que marcó todo

Nacha Guevara recordó su exilio en los 70: la frase que marcó todo

“Después pedirán que me baje los calzones”. Con esa frase cruda y desafiante, Nacha Guevara recordó en una entrevista reciente el día en que tomó la decisión de exiliarse de la Argentina durante la década del 70. La actriz, cantante y directora teatral, una de las figuras más emblemáticas de la cultura nacional, volvió a poner sobre la mesa un capítulo oscuro de nuestra historia que, a más de cuatro décadas del regreso de la democracia, sigue generando escalofríos.

La entrevista, publicada por Infobae en su sección Teleshow, encontró a la artista en un momento de reflexión profunda. A sus 85 años, Guevara no solo repasó su carrera sino que se animó a desclasificar los detalles de una huida que marcó su vida para siempre. Pero su testimonio no es solo un recuerdo personal: es un espejo donde se reflejan las miles de historias de exilio, censura y persecución que sufrió el mundo del espectáculo argentino durante el terrorismo de Estado.

Nacha Guevara, cuyo nombre real es Clotilde Acosta, vivió en carne propia la mordaza del poder. En los años previos al golpe de 1976, ya era una figura reconocida por su talento, pero también por su compromiso político. Su espectáculo “Las mil y una Nachas”, estrenado en 1972, había sido un éxito de taquilla y crítica, pero también la había puesto en la mira de los sectores más reaccionarios. Las amenazas comenzaron a ser pan de cada día. Llamados telefónicos anónimos, panfletos en las puertas de los teatros y, finalmente, la visita de personajes siniestros que le dejaron claro que su vida corría peligro.

“En un momento, entendés que no hay vuelta atrás. O te vas, o te callan para siempre”, relató la artista en la entrevista, según pudo reconstruir este medio. La metáfora de “bajarse los calzones” no es casual: Guevara siempre fue una mujer que se negó a doblegarse, a aceptar imposiciones, a someterse a los códigos de una moral impuesta por la fuerza. Por eso, cuando sintió que el siguiente paso sería la humillación física o la desaparición, tomó la decisión más dura de su vida: dejar el país.

El exilio de Nacha Guevara no fue un viaje turístico. Se instaló primero en México, donde el ambiente artístico la recibió con los brazos abiertos, pero donde también tuvo que empezar de cero. Allí compartió escenarios con otras figuras exiliadas como el director de teatro Augusto Boal o el músico Astor Piazzolla, que también había puesto tierra de por medio ante la asfixia del régimen. Luego, siguió camino a Europa, donde se afincó en España durante los años más crudos de la dictadura argentina. En total, su exilio duró casi una década, hasta que en 1984, con la democracia ya recuperada, decidió regresar.

El regreso no fue sencillo. “Cuando volví, el país era otro. Pero yo también era otra”, confesó Guevara en otra oportunidad. Encontró un país que intentaba cicatrizar heridas, pero que también tenía memoria selectiva. Algunos colegas que se habían quedado la miraban con recelo, como si el exilio hubiera sido una traición o una huida cobarde. Nada más lejos de la realidad: el exilio fue, para muchos artistas, la única forma de sobrevivir. Según datos del Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado (RUVTE), al menos 30 mil personas fueron secuestradas y desaparecidas durante la dictadura. De ese total, un porcentaje significativo pertenecía al ámbito de la cultura, el arte y el periodismo. Las listas negras de la Triple A y luego de la dictadura incluían a cientos de nombres: actores, directores, escritores, músicos. Muchos de ellos no tuvieron la oportunidad de elegir.

La historia de Guevara, sin embargo, no es solo una historia de dolor. También es una historia de resistencia artística. Durante su exilio, no dejó de trabajar. En México, presentó shows que repasaban su repertorio, pero también incorporó canciones de protesta y textos políticos. En España, se codeó con la movida madrileña y hasta incursionó en el cine. Pero nunca dejó de mirar hacia el sur, hacia una Argentina que añoraba y que, sabía, algún día volvería a pisar.

Hoy, a más de 40 años de aquella decisión, Nacha Guevara sigue siendo una voz autorizada para hablar de aquellos años. Su testimonio, en tiempos donde algunos sectores intentan relativizar el terrorismo de Estado o reivindicar la dictadura, cobra una vigencia escalofriante. Porque si algo dejó claro la entrevista es que la censura y la persecución no son fantasmas del pasado. “A veces siento que estamos a un paso de que vuelvan a pedirnos que nos bajemos los calzones”, advirtió la artista, en un llamado de atención a las nuevas generaciones que quizás no vivieron aquellos años, pero que deben conocer su historia para no repetirla.

El caso de Guevara no es aislado. Otros grandes nombres del espectáculo argentino también tuvieron que exiliarse. El actor y humorista Enrique Pinti, por ejemplo, se fue a Brasil y España durante la dictadura. La actriz Cecilia Roth, hija de exiliados, creció en España. El director de cine Fernando Solanas vivió en el exilio en Francia. Y la lista sigue. Cada uno de ellos llevó consigo un pedazo de la cultura argentina, la mantuvo viva en el exterior y la devolvió, enriquecida, cuando las condiciones lo permitieron.

La entrevista a Nacha Guevara es un recordatorio de que el arte es siempre un acto de resistencia. De que hay palabras que no se pueden callar, aunque vengan con amenazas. Y de que, como ella misma dice, hay límites que no se negocian. Ni siquiera cuando el poder te pide que te bajes los calzones.

Fuente: https://www.infobae.com/teleshow/2026/05/09/nacha-guevara-recordo-el-dia-que-decidio-exiliarse-en-la-decada-del-70-despues-pediran-que-me-baje-los-calzones/


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