La denuncia que expone un doble estándar en los recitales

La denuncia que expone un doble estándar en los recitales

Un joven denunció haber sido manoseado y golpeado por una mujer durante el concierto de Ryan Castro en Buenos Aires, pero lo más grave no fue el ataque en sí: según su testimonio, el personal de seguridad no intervino porque él era hombre. El caso reabre un debate incómodo sobre cómo se aborda el acoso cuando el género de la víctima no encaja en el estereotipo. ¿Estamos preparados como sociedad para escuchar todas las voces?

El hecho ocurrió el pasado fin de semana en el marco de la gira del cantante colombiano Ryan Castro, conocido por hits como Mujeriego y Qué le pasa a usted. El recital, que reunió a miles de personas en el Estadio Obras, prometía ser una fiesta de reguetón y energía. Sin embargo, para un joven de 24 años, la noche se convirtió en una pesadilla. Según su relato, una mujer que estaba cerca del escenario comenzó a tocarlo sin su consentimiento, y cuando él intentó apartarla, ella lo golpeó en el rostro. Lo peor llegó después: al pedir ayuda a los guardias de seguridad, estos se negaron a intervenir con el argumento de que “un hombre no puede ser víctima de acoso”.

Este tipo de respuesta no es un caso aislado. En Argentina, los protocolos de seguridad en eventos masivos suelen estar diseñados para proteger a mujeres y niños, pero rara vez contemplan la posibilidad de que un varón sufra violencia sexual. Según datos del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, en 2023 se registraron 12.000 denuncias por acoso en espacios públicos, de las cuales apenas el 3% fueron presentadas por hombres. Esto no significa que ellos no sean víctimas, sino que el estigma social y la falta de empatía institucional los silencian. “Me sentí humillado, como si mi palabra no valiera nada”, declaró el joven en una entrevista radial. “La seguridad me miró y se rió. Dijeron que me lo tome con calma, que era un piropo exagerado”.

El caso recuerda a otros episodios similares en la industria del entretenimiento. En 2019, durante el Lollapalooza Argentina, un joven denunció haber sido manoseado por una mujer en medio de la multitud y también recibió una respuesta tibia de los organizadores. En 2021, en un show de la banda de rock Divididos, un espectador varón fue agredido sexualmente y el agresor —una mujer— no fue detenida. Estos antecedentes muestran un patrón preocupante: la violencia sexual no tiene género, pero los protocolos sí. Mientras que las campañas como “No es No” avanzaron en concientizar sobre el acoso a mujeres, los hombres que sufren situaciones similares quedan en un limbo legal y social.

Ryan Castro, por su parte, no se ha pronunciado sobre el incidente. Su equipo de prensa fue consultado por este medio, pero hasta el cierre de esta nota no hubo respuesta. La productora a cargo del evento, Fénix Entertainment, emitió un comunicado escueto: “Lamentamos los hechos ocurridos y estamos investigando. Reiteramos nuestro compromiso con la seguridad de todos los asistentes”. Sin embargo, para el denunciante, las disculpas no alcanzan. “No quiero que me pidan perdón, quiero que cambien las reglas. Que la próxima vez que un pibe vaya a un recital no tenga que elegir entre bancarse el acoso o que lo tomen de ridículo”, sostuvo.

El debate también cruza a la farándula local. Figuras como la actriz y activista Lizy Tagliani o el conductor de televisión Marley suelen hablar sobre la necesidad de desterrar los estereotipos de género, pero el tema del acoso masculino sigue siendo tabú. En las redes sociales, el caso generó divisiones: mientras algunos usuarios apoyan al joven, otros minimizan la situación con comentarios como “ojalá todas las mujeres fueran así”. Esta reacción, lejos de ser inocente, revela cuánto falta para entender que la violencia no es cuestión de envidia, sino de derechos humanos.

En un contexto donde los recitales multitudinarios vuelven a llenarse tras la pandemia —según la Asociación de Productores de Espectáculos, en 2024 se realizaron más de 1.500 shows en la Ciudad de Buenos Aires, un 40% más que en 2019—, urge revisar los protocolos de seguridad. No se trata de quitarle recursos a la protección de mujeres, sino de ampliarla para cubrir a todas las personas. El caso del joven en el concierto de Ryan Castro es una alarma que no podemos ignorar. Porque, al final del día, un acosador es acosador sin importar su género, y una víctima merece ser escuchada siempre, sin etiquetas.

Fuente: https://news.google.com/rss/articles/CBMijAJBVV95cUxQdzEyQ0VMbGg2c25YVk1RbXlIdkpia1dNMDNkUllDV1dzaWFJcC1ZT0ZObTB3aVNLbFhrVUZxVHpObzBjSllCN05faENkMUxaN20xUnlyUjIzTG9lR1ZMVHZjSjFvUHJPdFpNU2FudnJxNHRDRS1MNVM0RnNrNWRzZDN3QTRQQXNTZ1BlV3BvSElaY1dyWUlNNnpXTFFjY0F2TTFSM2xzTEZnbUtnVHFtY2pHNlJhV2ZIb25wSnpyRnIyaldhazdNZDVWVlM4SmExMkdmNVFmZEw0cU43aFZQSmMwbU1CNEJMc2g5RElKbkx4NHpjQTV6TU5OQ19NXzQ3bEJDeFB6QzRrby1p0gGnAkFVX3lxTFBUaFNjem84WjY3XzhkM3hHd2hGel9UbE9KbkFyeGsyaFE2X1N5X0djbERyOFpJX1NJcTRMWW5lMVdWVnl4V3NRYXlKckRMM0h5amQ1NWZtRGdkaUVJNTBnYVNiU2FILUliRHlvR0hCOC1mNW8zazdaTy0xT1dMN1RuTTVpSVJTdzJ1VlBfTGxmZzd2MmFmWFUwajFBeTRfek8xcDF0anhRQWZzUTdCUTZvZDJjS2FGWGZoOVhIN1FLRHlMaUd3V2RzeWJFTjNtQ04wMFk4NG4tQnBGQ1RTdGc5aHdYbldjN0VCR0MzS251T0dTV1BmZW9wNU9BSFNzZHFiVUVYSGxWUlN1WG02MjVlLW5rQUNjWlJPcWM2MGEyMEF5bnIzT2M?oc=5


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