Crisis en el PJ santafesino: Traferri veta a Perotti
El peronismo santafesino vuelve a mostrar sus fisuras internas y esta vez el epicentro está en la negativa de un sector a aceptar la competencia de Omar Perotti. El senador provincial Armando Traferri dejó en claro que no quiere al exgobernador compitiendo dentro del espacio, una postura que enciende alarmas sobre la tan mentada unidad del Partido Justicialista (PJ) de cara a las elecciones de medio término.
La disputa no es nueva, pero sí es sintomática de un malestar que viene creciendo en el entramado político de la provincia. Santa Fe, históricamente un bastión electoral complejo para el peronismo, asiste a una nueva pulseada entre dirigentes que pugnan por el liderazgo partidario. En este caso, la resistencia de Traferri a la figura de Perotti expone las dificultades para consolidar un frente común que pueda hacer pie en un territorio donde el justicialismo supo ser gobierno pero hoy enfrenta serios desafíos de representatividad.
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Para entender la magnitud del cortocircuito, hay que remontarse a los orígenes de ambos dirigentes. Omar Perotti, exgobernador (2019-2023) y exsenador nacional, construyó su carrera con un perfil dialoguista y de gestión técnica, siendo una de las caras más reconocidas del PJ santafesino en las últimas dos décadas. Su administración provincial, aunque marcada por la pandemia y la crisis económica, logró cierta estabilidad institucional. Traferri, por su parte, es un caudillo territorial con fuerte anclaje en el departamento San Lorenzo, un distrito clave en el sur provincial por su peso industrial y portuario. Su poder legislativo y su capacidad de movilización lo convierten en un actor de veto imprescindible en cualquier negociación interna.
La negativa de Traferri a que Perotti compita no es un capricho personal, sino la expresión de una lucha por el sello partidario y la estrategia electoral. En el peronismo provincial conviven múltiples líneas internas que van desde el perottismo más institucional hasta sectores alineados con el kirchnerismo duro, pasando por expresiones locales con agendas propias. La falta de un ordenador nacional potente, sumada a la derrota en las últimas elecciones provinciales frente al frente de Maximiliano Pullaro, profundizó las divisiones. Cada dirigente busca posicionarse como el armador de la lista que pueda recuperar bancas en el Congreso y en la Legislatura provincial, y en esa pulseada, el nombre de Perotti genera resistencias en quienes ven en él un liderazgo que podría desplazar otros proyectos.
El contexto histórico del PJ santafesino ayuda a dimensionar esta interna. Durante años, el partido supo contener sus diferencias bajo el paraguas de liderazgos fuertes como el de Carlos Reutemann, quien supo amalgamar sectores disímiles con su carisma y su llegada popular. Tras su fallecimiento, el justicialismo provincial quedó huérfano de una figura aglutinante y comenzó un proceso de fragmentación que se agravó con el correr de los ciclos electorales. La experiencia del Frente Justicialista de 2015, que llevó a Perotti como candidato a gobernador sin éxito, ya había mostrado las dificultades para consensuar una estrategia común. Cuatro años después, en 2019, el peronismo logró la unidad con Perotti a la cabeza y recuperó la provincia, pero aquel acuerdo fue más táctico que programático, y las tensiones nunca desaparecieron del todo.
Hoy, con el calendario electoral 2025 en el horizonte, la pulseada entre Traferri y Perotti refleja un dilema más profundo: ¿cómo construir una alternativa competitiva sin un liderazgo que ordene? La resistencia a Perotti no solo compromete la unidad partidaria, sino que también puede traducirse en una oferta electoral fragmentada que beneficie a las fuerzas opositoras. En un escenario nacional donde el peronismo busca reconfigurarse tras la derrota presidencial de 2023, las disputas provinciales como la de Santa Fe se vuelven un termómetro de la capacidad del espacio para renovarse sin implosionar. La negativa de Traferri, entonces, no es solo un conflicto de nombres: es un síntoma de la dificultad para procesar las diferencias en un partido que necesita, más que nunca, mostrar cohesión.
Mientras tanto, los demás actores del PJ santafesino miran con atención. Dirigentes como Roberto Mirabella, Marcelo Lewandowski o incluso referentes locales con menor visibilidad nacional evalúan sus movimientos en un tablero que se reconfigura día a día. La unidad, ese mantra que todos repiten en los discursos, vuelve a chocar contra la realidad de los intereses sectoriales. El tiempo dirá si esta nueva interna es solo un capítulo más de la rica historia de disputas del peronismo provincial o si, por el contrario, marca un punto de quiebre que termine por definir el mapa político de Santa Fe en los próximos años. Lo cierto es que, sin acuerdos genuinos, el sueño de volver a gobernar la provincia parece, por ahora, una meta esquiva.
Fuente: https://news.google.com/rss/articles/CBMi2gFBVV95cUxPOUxod0c1ODJSYW92bFRVZkdPdFJ5Q1pTa2s2VWlNV3RjcGYyOWk3OENHalJwcDVoeVJFUWZPT2V6bHBrTTFocWh0S214TDRQZGdjRWVNazRQWno5S0h5U2lSbEZvaHdkT01oQ0J6NlB5cW9CampLQ1ZMU0lGVW5QSE1kYVdMa19mVUZscGVTSERaVFI0TXNiUVFsb2VLVVJtVnBBVFZjQl9aZGpUcEtEcGQ5ZWFlWHRRdVdCSzhKejdxS3E5ejdiN2pVMHJUTWVCUXd5M05QNHIzZ9IB3wFBVV95cUxNUFVsS1E2WnZBMlo5SHdRVkFiTVFMek9PcmlVbG9aZXVvbVpTdGZhVkdTeFB2N2JMWmI5ZkZselpuX1QzN3dGdzRmRHhJRDctTjRtX0RnNURGMHJtWFdnOXBkWng3TmxCOHhyVXl2VkJFVHI5LWZwLVBlZWFCZmNlRjRGUnhVcU1SNXNLTS1kV0ZJQU1CVUg2SWY3ZHVTbXIwYVk4aTB3RDE5ZTBtSy1mMzRfY0F6anZuUnpPSU8zR19oZDVyRXY3VThTMEs2a296bjNiZHFBam1xR2xHcTdJ?oc=5